La esencia de la técnica entre Heidegger y Ortega.

%H:%M 07Sun, 08 May 2011 19:18:11 +000011. in no tag by Juan Manuel Romero

La esencia de la técnica entre Heidegger y Ortega.

Juan Manuel Romero Martínez

UGR

Ambos autores inciden en la necesidad de pensar aquello que sea la técnica desde su esencia. En el caso de Heidegger nos remontamos no ya al asunto de lo técnico desde su representar y, por lo tanto, desde un coherencia y corrección del concepto con lo técnico, sino desde su esenciar: desde el modo en que viene a la presencia la técnica y muestra en ese movimiento su verdad en tanto que alétheia,  en tanto que desocultación.

En el caso de Ortega, el modo de acercarse a lo esenciante de la técnica, consiste en disponer sus condiciones de posibilidad en la existencia y el proyectarse del hombre: “Sólo se da la técnica si hay un ente cuyo ser consiste en lo que aún no es, en ser un mero proyecto.”

Es, entonces, el hombre un ente que debe afanarse en la realización de sí mismo. En este realizarse del sí mismo del hombre la técnica lo ha, por una parte, liberado de su naturaleza primaria y atada a sus condiciones materiales de posibilidad; por otra parte la técnica llega a constituirse como la vía que posibilita una segunda naturaleza, la del hombre como autor de su vida. La técnica está entonces ahora a la disposición del proyecto y las potencialidades de los modelos de hombre. He aquí el humanismo de Ortega.

Como venimos viendo ambos autores parten de una posición ontológica, la una centrada en el hombre, su proyecto y la técnica; la otra radicalizada en el acontecimiento mismo de venir a presencia lo ente en el claro de la técnica: el ser. Ortega, en la Meditación de la Técnica insiste en que: “La pre-cosa es el ser de la cosa. […] El ser y la definición de la cosa, la pre-cosa, nos muestra la cosa en statu nascendi (pg.356).” Es así como Ortega se enmarca claramente su disquisición acerca de la técnica en el contexto del análisis filosófico, un análisis que debe atender a las condiciones mismas de posibilidad, su statu nascendi, tan caro al Ereignis o acontecimiento hedieggeriano. Es por eso que la pre-cosa, el ser de la cosa, no es el mero objeto técnico en ninguno de los dos autores. Ambos regresan a la anterioridad lógica que requiere el argumento acerca de cualquier cuestión, en este caso la de la técnica, que deba ser tratada filosóficamente. Cuando nos referimos a anterioridad lógica del discurso no lo hacemos, claro está, en el sentido normativo que pretende la ciencia lógica actual, sino que acudimos al sentido originario de la palabra Logos, el de la ley que da razón en tanto que fundamento. Nos referimos al ser y a su anterioridad u originariedad no en el tiempo en razón de un antes y un después, no en sentido cronológico, sino en su principialidad esenciante. Se trata de aquello que la fenomenología, que mantiene unidos a estos dos autores, designa como “la cosa misma”.

En el asunto de la técnica para Hedegger aquello anterior, lo que ocasiona, es un modo especial de pro-ducir: el traer-ahí-delante de la póiesis. Y no sólo desde un fabricar artesanal o artísticamente representador, sino desde un emerger-desde-sí (acontecer) como lo es la Naturaleza entendida como físis. Tanto en el caso de lo artificial como de lo natural, del producir y del emerger, ambos modos de un traer ahí adelante (póiesis), acaece el juego entre desocultación o desvelamiento en el ente producido o emergido y oculatación o velamiento  del acaecer mismo. Es importante entender que no se trata de un esclarecer, producto o emergencia, que oculta el resto de la totalidad de lo ente, dejando así a la capacidad de conocimiento y creación humanas lisiadas de la totalidad. No es esta la lectura más acertada de este extraño movimiento de ocultación y desocultación que Heidegger encuentra en la voz griega alétheia. No se trata de una cuestión cognoscitiva meramente humana, no estamos ante un escepticismo gnoseológico, ni el ser (sive natura) es una totalidad de lo ente que permanece oculta como un substrato inalcanzable por la acción humana del construir y el habitar y que siempre habrá, como si de un mito griego se tratara, de desvelar ad infnitum. Antes bien, aquello que se oculta es el traer aquí adelante mismo, el movimiento de emergencia o producción mismo que da lugar a lo ente. El ser. El ser que no se agota en sus múltiples modos de acaecer y en el que, el acaecer técnico, es solo un modo más de apropiarse mutuamente con el hombre. El ser es entonces emergencia de la físis, producción artificial y técnica, acontecer y verdad de aquello acontecido. Es en esto en lo que radica su causalidad y pre-eminencia, en ser anterior a lo ente. Pero tampoco debemos entender esta primacía, esta pre-cosa, como un principio único o substrato anterior a todo cambio sino, como hemos expuesto anteriormente, como algo que es movimiento mismo y cambio: emergencia o producción. No es un éidos, ni un modelo hacia el que tender, no es un principio metafísico como la mónada, es nada. Nada porque no es cosa o ente es, como muy bien expresa Ortega, pre-cosa, anterior a la cosa. Es movimiento mismo de emerger o producir la cosa. Ni más ni menos.

Estamos ahora pues en condiciones de decir que lo que tienen en común tanto el producir del artesano como el emerger de la Naturaleza es que en su emergencia o producción “descansa y vibra” el modo originario de acaecer o venir que es el ser, la verdad como velamiento y desvelamiento: como alétheia.

Si es de un modo fundamental de la verdad de la que hablamos, la de la ocultación y la del traer ahí adelante o la del emerger desde sí, la relación del conocimiento con la técnica que encontramos en el pensamiento heideggeriano es que ambas son también póiesis. La episteme, como hemos dicho antes, no es un asunto meramente humano, sino que es un modo de traer a presencia lo oculto pero no por la sola voluntad humana. Lo oculto debe emerger desde sí para poder ofrecérsenos en tanto que natural o traerlo ahí delante en tanto que objeto técnico. Pero el movimiento de emerger desde sí o traer a la presencia es el mismo en tanto que póiesis y ésta no se da al capricho o arbitrio de la voluntad humana. Entonces la esencia del producir, del fabricar y el conocer es la misma en términos de alétheia. En esencia son todos modos del desocultar (alétheia) y son formas en las que se trae ahí adelante (póiesis).  La esencia de la técnica está ligada a una originaria concepción de la verdad y el conocimiento de carácter poiético:

“La técnica es un modo de hacer salir lo oculto. La técnica esencia en la región en la que acontece el salir lo oculto y el estado de desocultamiento, donde acontece la alétheia, la verdad”

¿Cómo pensar entonces la esencia de la técnica moderna? También como un hacer salir lo oculto. ¿Y en qué consiste lo moderno de esta técnica? El hacer salir lo oculto de la técnica moderna lo es en el modo de la provocación. La provocación es un modo de hacer salir oculto que emplaza a la naturaleza como existencias, o sea como recursos en depósito para su uso futuro.

Aquí, al contrario que en La meditación sobre la técnica de Ortega, descubrimos que la máquina en esencia no es autónoma. Su función se la da el solicitar ya que en éste la máquina asegura que lo solicitado lo sea en el modo de la existencia; en cambio, en los diferentes estadios del desarrollo técnico que nos narra Ortega, la máquina se entiende desde una concepción de la técnica que es sierva del proceso de fabricación y de invención de la vida humana. La técnica sería, en definitiva, una facultad intelectual humana al servicio de modos de vida deseados. Es por esto que la máquina se va haciendo autónoma en el proceso en el que el hombre deja de ser un artesano que produce utensilios, donde aún no se entiende una separación clara entre técnico y  obrero, entre procedimiento y puesta en obra, para transformarse en un técnico o ingeniero, independiente del operario, que expresa la técnica en su modo más claro y definitorio. La máquina de la técnica moderna, según Ortega, sólo necesita al operario como un mero epígono auxiliar al hacerse aquella casi autónoma. De esta manera, el papel relevante de la constitución técnica actual recae sobre el ingeniero como facultad intelectiva.

Decíamos al comienzo que ambos autores se sitúan desde una posición de anterioridad o apriorística para discurrir acerca de la técnica. Una posición ontológica. Pero estamos viendo en el desarrollo de sus argumentos que sus puntos de partidas tienen formas diferentes de entender lo ontológico.  La radicalidad de la propuesta heiddegeriana nos lleva a pensar lo esenciante de la técnica como un acaecer sin determinaciones previas, aquello a lo que denomina Ereignis y que no es ni una invención humana conforme a sus fines ni éste se enseñorea de aquella en una relación de dominio. La posición orteguiana pasa por una antropologización de la esencia técnica que reclama para sí el dominio de lo fundante de nuestra época. Aclara Ortega en  La meditación que lo propiamente fundante es una suerte de deseo de ser, de inventarse y realizarse, previa a cualquier consideración técnica. Vemos aquí que a la esencia de la técnica le es necesaria una esencia de primer orden, la de la vida humana. El desarrollo técnico y la técnica misma está supeditada al ser entendido como proyecto humano. Es aquí donde creemos encontrar otra inspiración heideggeriana en Ortega, en concreto el modo en que en la analítica existenciaria del ser ahí fáctico del hombre. Ortega extrema la aserción del Da-sein como aquel peculiar ente que se mantiene en la pregunta acerca del sentido del ser y que, solo en una auténtica forma de empuñarse a sí mismo, de permanecer de yecto, tendido hacia un ámbito de posibilidades integradas resolutivamente, posibilita la apertura de mundo en el horizonte de la temporalidad que es el hombre mismo. Es el tiempo del ser arrojado al mundo el que pone las condiciones para acontezca el ser como apertura de mundo.  Ortega ha encontrado el matiz antropológico de esta premisa ontológica y lo ha elongado hasta reconstruirlo en una auténtica antropología filosófica: lo que hay solo puede acaecer en la temporalidad humana, en el proyecto auténtico de ir haciéndose, de ir inventándose de tal manera que, el punto de partida y de llegada en una especulación filosófica sea la vida del hombre como proyecto. Vivir como hombre es querer ser, hacer por ser conforme a sus necesidades y su circunstancia. De tal manera es así que a cada proyecto de hombre le corresponde, según la época y las circunstancias sociales, un modelo de realización y, por supuesto, una forma de hacer técnica. Para Ortega el punto de partida principal de Ser y Tiempo acerca de la pregunta por el sentido del ser ha quedado ocluido, solapado, por el existir propio del hombre como proyecto: el ser que hay es el acaecer hombre como proyecto. La otra posición, la del ser en sí donándose desde sí en el modo de la póiesis a la que derivó el segundo Heidegger, resulta totalmente ajena al planteamiento de Ortega. El proyecto es voluntad misma del que está en proyecto, nada tiene que dejar ser y no hay una razón para permanecer a la escucha de aquello a lo que uno se siente provocado. Para Ortega el ser es dominio exclusivo del hombre porque es el ser del hombre y la técnica una facultad suya para atender al deseo primordial de realizarse. Desde una posición heideggeriana esto ilustra perfectamente lo que supone el olvido del olvido del ser: El asunto del proyecto del hombre persiste e insiste de tal manera que su constitución como tal se desliza en el insistir, queda oculta por la patencia del hombre como único ente capaz de preguntarse acerca del sentido del ser, como único ente capaz de fabricar utensilios y posteriormente máquinas automáticas, por el único ente que puede responder al modo en que la apertura se le ofrece. Hay en Heidegger un no-humanismo que expone lo absolutamente ajeno y otro del hombre que lo excede, lo sobre-abunda y le corresponde epocalmente. Un importante enfoque que contrasta abiertamente con la posición de enseñoreamiento y dominio de sí del inventor de sentido y estilos de vida de Ortega.

Estamos ahora en un punto de la exposición en la que podemos desentramar qué sea aquello del peligro de la era de la técnica para ambos autores.

En una primera lectura de La pregunta por la técnica nos encontramos ante una aparente ambigüedad entre el peligro y lo que salva. ¿Cómo es posible que en aquellos versos de Hölderlin encontremos con Heidegger la clave para entender la esencia de la constitución de lo técnico?

“Pero donde hay peligro, crece

también lo que salva.”

Tres términos resaltan en esta estrofa: peligro, crecimiento y salvación. En aquello en lo que, aparentemente consiste el peligro es que, ese modo técnico de donación que la era de la técnica en la que vivimos termine por colapsar toda otra forma de donación, toda otra forma de acontecer y que en ello, el hombre en su enseñoreamiento de la Naturaleza, no pueda ya nunca más que ser provocado a emplazarla a modo de existencias. Lo que supondría una lesión de la misma esencia de lo humano si la entendemos a esta como Heidegger: como el lugar de apertura de lo que acaece. Pero deberíamos preguntarnos si para el maestro de Alemania es posible descentrar al hombre de su esencia. ¿Puede perder el hombre su definición por excelencia como vecino y pastor de lo que acaece? Es absurdo pensarlo, el hombre no puede dejar de ser a una con la apertura misma porque ontológicamente está destinada a ella. El hombre es hombre solo si hay apertura y la apertura solo puede darse si hay hombre. Mientras haya hombre habrá apertura aunque parezca colapsada en algún momento epocal. No solo eso sino que, al fin y al cabo, la estructura de emplazamiento (Gestell), el modo en que, como hemos visto antes esencia la técnica, en tanto que provocar al hombre para hacer de la Naturaleza existencias almacenables, es en sí mismo un acaecer. El Gestell, el modo de acaecer del ser en la era de la técnica es también alétheia, es también un juego de venida a presencia y ocultación de la venida misma una vez ya es presencia, que ha provocado al hombre a entenderse a sí mismo como dueño y señor de su relación con la Naturaleza. Como dueño y señor de esta mutua apropiación entre ser y hombre para, así, terminar de entenderse éste a sí mismo como el que verdaderamente y adecuadamente dispone la técnica a sus propios fines. Y es así que “crece la salvación” porque el peligro, el Gestell, es crecimiento: es Ereignis. Es también acaecimiento apropiador en el modo de la técnica y puede serlo porque provoca al hombre a serlo. De manera que, lo que Heidegger entiende por salvación es esto: que la estructura de emplazamiento Gestell es también un acaecimiento apropiador que dona desde sí, que es ser, que es físis, que es Naturaleza. Y como tal es posible que el hombre vuelva a resituarse en su esencia con este acaecimiento apropiador y lo redescubra como alétheia. La salvación supone volver a perdurar en la verdad del ser no como mera adecuación o coherencia, sino como desvelamiento y velamiento. Entender que el modo en que se nos presenta el ser y nos hace perdurar es eso: sólo un modo más. Que el acaecer es siempre proyectante, advoca hacia futuribles, hacia modos nuevos de darse y que, habitar el mundo en el modo de la técnica es sólo un momento más.

En el caso de Ortega el peligro se entiendo de una manera manifiestamente real, como algo que de hecho ocurre en la Europa de su tiempo: La falta de deseo por ser. Vemos que ortega también recurre al argumento de la oclusión de una esencia por su manifiesto modo de darse, se trata del sustraerse de la esencia del hombre en pos de la infinitud de posibilidades de ser que ofrece la técnica. En este caso el problema lo es por la abundancia casi ilimitada de modos de ser que gracias a la técnica contemporánea pueden realizarse, no como en el caso de Heidegger, donde el problema resida en la escasez y la unilateralidad de un solo modo de entender la apertura que obstruye a las otras. Esta variedad de multiplicidades de ser, ante puestas al deseo primordial de autorrealización de un ente que no se encuentra lastrado por modelos esenciales y previos de ser, produce la patología ontológica de la vacuidad. Ante la miríada de posibilidades que ofrece la técnica ¿qué ser?

“Porque ser técnico y sólo técnico es poder serlo todo y consecuentemente no ser nada determinado”(pg.366)

Parece que ortega quiere decirnos que la técnica es pura formalidad hueca y, es este deseo primordial de querer ser, la inventiva para crear nuevos senderos sobre los que transitar, la que puede dotarla de contenidos vitales.

¿No corre el peligro Ortega, de humanizar y psicologizar el acicate para hacer por ser del hombre en este mágico y literario “deseo primordial” para hacer deslizar en una mera patología vocación de ser que el acaecer le destina?

Y, por otra parte, no está de alguna manera esa radicalidad ontológica de lo que esencia, negando la posibilidad de que lo óntico también pueda modificar y ampliar la dimensión de lo ontológico? No sería también posible que en el otro sentido, el que va desde lo óntico a lo ontológico, la ciencia físico-matemática pudiera abrir nuevas maneras y regiones de entender lo ontológico, de entender el ser?

Bibliografía:

HEIDEGGER, M., Artículos y conferencias, “La pregunta por la técnica”, Ed.Serval, Barcelona, 1994.

ORTEGA Y GASSET, J., Meditación sobre la técnica, Alianza/Rev. Occidente, Madrid, 1998.