Acerca del lenguaje en Merleau Ponty
%H:%M 04Fri, 13 May 2011 16:38:06 +000006. in no tag by Agata-Bak
Estoy estudiando ahora Fenomenología de la percepción de Maurice Merleau Ponty, y, para profundizar en la relación que su fenomenología, y en concreto su noción de lenguaje, tiene con Husserl, he leído esta pequena ponencia que Merleau Ponty pronunció en 1951, titulada “Sobre fenomenología del lenguaje” (en Signos, Barcelona: Seix Barral, 1973, pp. 99- 116). Creo que es de mucho interés presentar aquí la visión del lenguaje en Merleau Ponty.
En el marco del trabajo que voy a presentar (espero) próximamente, el lenguaje se contempla desde la perspectiva de una existencialización de la fenomenología. Esto no quiere decir que estemos abandonando los presupuestos fenomenológicos claves, sino que profundizamos en ellos y encontramos por debajo de un Husserl esencialista y eidético (tal es la opinión común circulante acerca de este filósofo) una intención profunda de la fenomenología. Esta no consiste precisamente en ”suprimir el mundo” en una eterna epojé para recunducirlo a un sujeto trascendental formal abstraído de la mundaneidad; por el contrario, hacemos caso del tan popular, pero igual no comprendido lema “hacia las cosas mismas” y creemos que la filosofía husserliana, una vez hecha su particular crítica de la razón fenomenológica (Ideas I), desciende al mundo y lo contempla junto con la subjetividad imbricada en él. En este sentido, es en Husserl donde observamos por primera vez una tematización filosófica de la facticidad, cosa que la llamada “fenomenología existencial” desarrollaría en varias dimensiones (huelga decir que no equiparamos la fenomenología existencial con lo que se entiende por el existencialismo). No es una exageración lo que escribe Merleau- Ponty en Fenomenología de la percepción acerca de la fenomenología husserliana:
La reducción fenomenológica no es, como se creía, una formulación de la filosofía idealista, es la formulación de la filosofía existencial: In-der-Welt-sein de Heidegger aparece sólo sobre el fondo de la reducción fenomenológica. (fenomenología de la percepción, Prólogo, pag. 12 – manejo la edición polaca)
Así, Fenomenología de la percepción se puede leer como la gran labor de existencialización de la fenomenología; esto consiste en retomar lo impensado de Husserl (así se expresa Merleau POnty en “El filósofo y su sombra”, en Signos, Barcelona, Seix Barral, 1973, p. 196), pero que está ya en el horizonte suyo, que es un mundo prerreflexivo analizado tal y como se le constituye al hombre, una apertura radical. La particularidad de Merleau Ponty consiste en analizarlo desde un enfoque que en Husserl no se desarrolló tal vez con plena claridad, desde el enfoque corporal. En efecto, Husserl es el que establece, con ocasión de las investigaciones genéticas, la distincción entre el cuerpo como un objeto en el mundo (Körper) y el cuerpo como vivido (Leib); pero es Merleau Ponty el que saca de allí máxima partida. El hombre es cuepro, o es corporalmente. el cuerpo es la apertura constituyente del campo fenomenal; la intención es encarnada y por tanto siempre motriz; la espacialidad también nace en el cuerpo. Desde esta perspectiva es muy interesante profundiar en la concepción del lenguaje, puesto que es aquí donde tal vez se vea con mayor claridad el potencial de la fenomenología, que virtualmente estaba ya en Husserl.
EL lenguaje se define en Fenomenología … en relación con el cuerpo; es equiparado con el gesto. Lo esencial de lo gestual a su vez es que no se puede comprender ni en tercera persona, ni como vacío significante que apunte más allá de sí a un significado ya establecido. Por el contrario, el gesto es siempre mío, y además es el portador del sentido. La palabra no es una voz sin sentido; es el sentido expresado o más bien expresándose. Desde esta perspectiva, nos situamos en un nivel respecto al cual tanto el empirismo (que cree que las palabras son voces físicas cuyo significado es fruto de mera contingencia y arbitrariedad), como al intelectualismo (que aniquila la importancia de la palabra – significante en virtud del sentido ideal para una subjetividad constituyente) y nos acercamos a la palabra tal como nos aparece en la experiencia: como lo que por sí mismo expresa el sentido. Supone por lo tanto un cambio de enfoque, causado por el cambio de aproximación y de cuestionamiento de las maneras estándar de describir de estos fenómenos.
Esto nos plantea interesantes cuestiones respecto a la relación entre la palabra y el pensamiento, cosa que en el siglo XX cobra especial relevancia. ¿Es mi pensar anterior a su expresión?, o, por el contrario, ¿es el lenguaje que me determina? Respecto a esta cuestión, la a ponencia que Merleau Ponty pronunció en el Primer Coloquio Internacional de Fenomenología en Bruselas, nos brinda unas respuestas magistrales. También nos muestra por cierto hasta qué punto la concepción del lenguaje que maneja en Fenomenología de la percepción es deudora del pensamiento husserliano.
En principio se trata del abandono de la concepción eidética del lenguaje, propia de la vuelta a Lebenswelt de Husserl tardío. Como insiste Merleau Ponty, esta concepción no es equiparable del todo con la distincción saussuriana entre habla (lo particular) y el lenguaje (el sistema ideal), tampoco es reductible a una psicología del lenguaje; lo que se trama aquí es un enfoque en el que el punto sincrónico es portador de toda la historia de la lengua. El momento particular y el uso concreto de una lengua en tanto que expresión (y nexo de una subjetividad con la intersubjetividad humana) implica, en el sentido fenomenológico de la palabra, el sistema que existe solo en la medida en que puede servir de expresión concreta. Abandonamos pues los significados atemporales a los que el hablante accede en la intuición, a favor de la expresión del sentido naciente en el mismo momento de hablar, y que es sentido precisamente en la medida en que guarda esta relación virtual con el pasado y el presente de una lengua. De ahí que la cuestión de la universalidad de la lengua se plantee de la siguiente manera:
Si se consigue la universalidad, no será por una lengua universal que, de vuelta de la diversidad de las lenguas, nos proporcionaría los cimientos de toda lengua posible, sino por un paso oblicuo de tal lengua que yo hablo, y que me inicia en el fenómeno de la expresión a tal otra lengua que yo aprendo a hablar y que practica el acto de expresión según un estilo completamente diferente, dado que las dos lenguas, y en último término todas las lenguas dadas, no son eventualmente comparables más que a la llegada y como totalidades, sin que puedan reconocerse en ellas los elementos comunes de una estructura categorial única. (105)
La universalidad no es una estructura estrictamente ideal a lo Chomsky, sino más bien un aire de familia que comparten varios tipos de las reflexiones; vemos que su papel universal es el de iniciar en la expresión, la relación genética que guarda con el sujeto. La lengua tiene un comienzo en el hablante, nace en él de nuevo. Por ello mismo, ningua lengua puede originaria, ni ninguna expresión total. Parece que tiene la particularidad de ser a una universal, pero no por ello ideal y actual, y particular, sin agotarse en aquí y ahora del dialecto presente:
La lengua de los lingüistas [lo universal- AB] en mí , juntamente con las particularidades que le añado [lo particular, AB.], es una nueva concepción del ser de lenguaje. (105)
Las particularidades que yo les añado están a su ve íntimamente relacionadas con mi mundo, al que me abro carnalmente. De allí “la lógica hecha carne” o la “lógica de la contingencia”, los nombres con los que Merleau Ponty describe esta visión del lenguaje. La primera de las expresiones es una que tal vez mejor defina la concepcion merleaupontyana del lenguaje: se trata de un significante carnal, que no se define como en el estructuralismo mediante su diferencia sintáctica y semántica con todos los demás significantes, sino que tiene un anclaje profundo en la existencia:
Existe un significado “lenguajero”del lenguaje que realiza la mediación entre mi intención aún muda y las palabras, y de tal manera que mis palabras me sorprenden a mí mismo y me ensennan mi pensamiento. Los signos organizados tienen su sentido inmanente, que no depende del pienso, sino del puedo.
El puedo, que viene a sustituir en Merleau Ponty al cogito Cartesiano, viene vinculado a un cuerpo en el mundo. La prueba por excelencia de mi existencia en el mundo es el poder que mi cuerpo tiene sobre las cosas en su ámbito, en su mundo (ni hace falta decir, que este poder será también la condición de la libertad humana…) La palabra es un medio de expresión, un gesto del cuerpo que puede expresarlo. ¿Qué es lo que se expresa? Es el propio sujeto haciéndose consciente de su pensamiento, antes solo “oscuramente presente”. Las palabras llevan a la expresión mi intención significativa, sin el lenguaje muda y oscura.Pero el lenugaje es también algo que excede al cuerpo: no se agota en el mero gesto, puesto que es sentido. apunta a algo que no es él: el pensamiento. La intención significativa en mí es, mientras no se exprese, un vacío, un movimiento hacia la expresión. El pensamiento es lingüístico, y es a lo que se tiende expresar. Si nos quedamos “sorprendidos por nuestros propios pensamientos”, es porque las ideas que se manifiestan en ellos, son alcanables por nosotros tan solo por palabras. El pensamiento no es una cosa privada; es una cosa que pertenece al mundo (de la cultura si queremos). Yo me inicio en el mundo (de la cultura), aprendiendo los significados, sintaxis y usos de palabras existentes, para en un momento “decir algo que nunca se ha dicho” (108): esto es, expresarme. Hay pues una relación dialéctica entre lo privado y lo público, entre el pensamiento y su expresión.
Resumamos los carácteres de esta profunda concepción del lenguaje:
- EL lenguaje es sincrónico, sin que por ello llegue a ser fenómeno psicológico, puesto que está preñado de su pasado, de sus usos y evolución, que nos revelan su “estructura”
- El lenguaje es un gesto corporal, ergo un acto de habla, pero siempre trasciende mera situación del sujeto parlante, siendo una “huella” de la idea que no poseemos psicologicamente “dentro de la cabeza” , puesto que “todo esfuerzo para cerrar nuestra mano sobre el pensamiento que mora en la palabra no deja entre mis dedos más que un poco de material verbal 107”
- El lenguaje es finalmente siempre una expresión, algo que los filósofos analíticos tildarían tal vez de “internista”; pero, como se ha dicho antes, es capaz de sorprendernos continuamente, nos deja mudos y perplejos ante las posiblidades que nos brinda. En este sentido, el equipaje del que viene cargado el lenguaje – su estructura – sería algo externo. Es más, sin el lenguaje no podríamos hacernos conscientes de nuestros pensamientos. Podríamos entonces sentirnos tentados de hablar del externismo… Pero nosotros, precavidos ya contra los peligros de empirismo y racionalismo, a lo largo de cientos de páginas de Fenomenología… sabemos ya que la concepción del lenguaje fenomenológica pretende retrotraer estas divisiones a un nivel anterior en el que son formas en las que la conciencia se expresa y se pone en el mundo, fuera de sí.
[es un ejercicio de expresión que he decidido poner en la página para así animarme a acabar el trabajo cuanto antes. Espero que movida por el deseo de expresarme mejor ante el público, aunque sea reducido, acabe mis lecturas con el mejor resultado]
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