FUERZA Y ESPÍRITU
%H:%M 12Thu, 02 Jun 2011 12:50:56 +000056. in filosofía moderna, ontología by Natalio Morote Serrano
Siguiendo algunas lecturas fenomenologizantes de Heidegger, podría parecer que la dimensión dinámica, de fuerza, fue obviada por el filósofo alemán del sentido del ser y del “claro”. Pero tal impresión puede disiparse si nos percatamos de que quizás la “fenomenología” heideggeriana tenga más de “hegeliana” (uso precavidamente el nombre de “Hegel” como metonimia del idealismo alemán en general) que de husserliana, menos de la conciencia que “del espíritu”, más de la potencia (fuerza, poder, dominio, soberanía, autoridad) que del sentido. No habría por tanto en Heidegger una reducción de la fuerza al sentido sino, al menos (Introducción a la metafísica, pp. 144 y ss.), un intento por pensar un poder, una fuerza más allá (Über-waltigende) del “poder violento” (Gewalt) del ente, excediendo a cualquier poder “condicionado” entendido éste 1) como capacidad (Können), como facultad o como “estar en condiciones” de hacer (vermögen) o 2) como posibilidad, como acción posible o “dentro de mis posibilidades” (Möglichkeit). Esta fuerza soberana, imperial, no sólo domina (el) todo sino que, haciéndolo, lo a-traviesa desde el interior (Durchwaltende); conforma, reúne y religa ese mismo todo como todo.
Es el poder del imperar (Walten) del mundo como totalidad: Die Welt waltet es die Welt weltet. Es más, este poder es la fuerza que, no siendo una capacidad del hombre, abre el “en tanto que”, el “como tal” (la dimensión del sentido). Esta fuerza waltende (que yo traduciría como imperiosa, fantástica palabra que reúne la fuerza y la autoridad, pero también la necesidad y lo apremiante como lo que oprime u aprieta), incondicionada, “sobreabundante” (en el sentido de una abundancia superlativa, Lo Abundante, más allá de la abundancia del gran número y de la cantidad), exuberante, lujosa, inútil, dadivosa, (Über-wältigende) no debe ser confundida con la actividad violenta y brutal (Gewalt-tättigkeit) de la “maquinación” del ente1. De hecho, esta Machenshaft, esta maquinación conspira (Machenshaften: enredos, intrigas), de un modo completamente autoinmune2 (e “inconsciente”, si es que esta categoría puede aclarar aquí algo) “contra” (pero no hay aquí oposición posible) el señorío (Herrschaft) del imperar del mundo, al modo como se confabula contra un rey o una majestad soberana: ignorando que ella es la fuente y origen de todo poder, aquello que configura el espacio donde todo poder se “expresa”, aquello “más allá” (über) del poder y sin embargo “inmanente” (durch) a él. Como toda conspiración, ésta no puede darse sino en y desde el interior de lo ya abierto, con las fuerzas, espacios y jerarquías que el soberano otorga y garantiza.
Puede iluminarse cómo Heidegger entiende la relación entre ser y poder acudiendo al capítulo XIII (“Seyn und Macht”) del libro Meditación (años 38-39):
“Ser (Seyn), lo sin poder (Machtlose) ; más allá de poder y no poder (jenseits von Macht und Unmacht), mejor fuera (außerseits) de poder y no poder, esencialmente no referido a tal cosa”.
Así pues, el ser es algo que trasciende el poder entendido como algo óntico. Sin embargo, lo sin-poder (Macht-lose) no es lo im-potente (Ohn-mächtige). Es decir, el ser está más allá del poder, ajeno al poder y sin embargo no carece de poder. ¿Cómo es esto posible? Pues pensando que el ser, como aquello “anterior” que da lugar y donde (se) origina la oposición poder y no poder, no puede ser referido a, pensado bajo estas categorías. Del mismo modo que la esencia de la técnica no es nada técnico, la esencia del poder no puede ser poderosa ni no poderosa: ha de ser, diríamos, a-poderosa y sin embargo, al mismo tiempo, no completamente extraña a aquello a lo que da lugar; sin poder (Machtlose) pero no impotente (Ohnmächtige). Y como siempre en Heidegger, esto se consigue pensar mediante el recurso a determinada red semántica que acude al “señorío” (Herrschaft) y al “Walten”. Así, en el §65:
“… lo sin-poder (Macht-lose), esto no puede mentar que el ser carezca (entbehre: que prescinda o pueda prescindir) de poder, antes bien el nombre ha de indicar que el ser según su esencia permanece desligado (losgelöst: ”desprendido”, ¿también en el sentido de ser desprendido, dadivoso?) del poder. Este sin-poder es sin embargo señorío (Herrschaft), pero señorío en sentido inicial no requiere poder; gobierna (waltet) desde la dignidad… A veces empleamos la palabra “poder” en el sentido transfigurado de maiestas; de este modo nombra lo mismo que mienta “señorío” ”.
“Maiestas” (raro en Heidegger dar pábulo a una palabra latina): poder, autoridad, dignidad, majestad… soberanía del pueblo o del Estado, siendo el soberano la fuente de derecho que está más allá del derecho pudiendo interrumpir el derecho; siendo el soberano el poder incondicionado que funda, mediante un acto de fuerza autoritaria (performativa), la ley y con ello la posibilidad misma de la violencia, pues antes de la ley no hay violencia posible3. Pero el soberano no es tal más que après coup, con efecto retroactivo, pues antes de ese acto de fuerza es soberano de nada. Nada lo precede. El acto de fuerza soberano “crea”, “inventa”, “funda”, al mismo tiempo, al “emperador” y el “imperio” sobre el que impera. Así pues el ser respecto al ente.
ACERCA DEL ESPÍRITU
Ahora bien, en 1935, en Introducción a la metafísica, esta fuerza imperiosa e imperial es la del imperar del mundo, esto es, la del espíritu. “El mundo es siempre mundo espiritual (geistige)” (§15; en la edición de Gedisa, pág. 49. Trad. modificada). Y lo realmente interesante aquí en esta página es lo siguiente:
“El oscurecimiento del mundo implica el debilitamiento (Entmachtung4) del espíritu, su disolución, consunción (Auszherung), represión (Verdrängung) y falsa interpretación (Mißdeutung)”.
Es decir, que a la dimensión “óptica” del fenómeno le es coesencial una dimensión “dinámica” de la fuerza, de “empujar” (drängen); a la dimensión comprensiva, interpretativa (deutung) del sentido le corresponde una dimensión de gasto vital (zehren). Derrida propone traducir Entmachtung por “destitución” ya que lo que se pierde no es un poder “natural”. Yo opondría ciertas reservas si bien es cierto que usar un lenguaje jurídico5 es acorde a la intención de Heidegger quien, de modo muy hegeliano y a su pesar, opone claramente la “vida” al “espíritu”. En todo caso, esa dimensión dinámica está ligada al “espíritu”. ¿Cómo entender ese “espíritu”? Desde luego, parece que no desde la “falsa interpretación” que se hace de él en el “mundo oscurecido” de la medianía caída. Heidegger ya nos había advertido en Ser y tiempo de que el término “espíritu” debía evitarse junto a los de “persona”, “vida”, “sujeto”, etc. hasta que no se hubiese aclarado el ser de ese ente cuyo ser consiste en existir, el Dasein. Sin embargo, como hace notar Derrida, el término deja a partir del 33 de evitarse para usarse profusamente. Parece que ya es aceptable a condición de practicar, de nuevo, ciertas evitaciones. Heidegger nombra cuatro aspectos de la interpretación equívoca del espíritu antes de dar una precisa definición:
“El espíritu es la autorización (Ermächtigung: otorgar, dar poder(es), también en sentido de respaldo legal; ley y fuerza de ley) de los poderes (der Mächte) del ente como tal en su totalidad. Donde impera (herrscht) el espíritu, siempre y en cada caso el ente como tal se vuelve aún más entitativo (seiender)”(pág. 53. Trad. mod.).
Curiosa definición sobre todo cuando años más tarde se sirva de esa misma expresión para caracterizar a la ‘metafísica’ de la “voluntad de poder”: “autorización del poder a su permanente predominio (Ermächtigung der Macht zu ihrer ständigen Übermachtigung)” (Meditación, p. 169). Como poco, habría que decir que hasta 1935 Heidegger permanecía encerrado en dicha clausura, y quizás no por su borde nietzscheano. Cuando Heidegger denuncia la ausencia de espiritualidad (Geistlosigkeit) de la universidad, lo que denuncia es que ha dejado de ser una “fuerza originaria de unificación que resulte espiritualmente vinculante” (Introducción a la metafísica, p. 52), y cita su conferencia “¿Qué es metafísica?: “Esta dispersión de múltiples disciplinas sólo se consigue mantener unida [subrayo yo] hoy en día por medio de la organización técnica de las universidades…”. Es decir, el problema no radica en la unidad, pues ésta consigue mantenerse, sino que dicha unidad es mantenida de modo exterior, técnico. De lo que se trata, como siempre, es de mantener la interioridad, la propiedad, la cercanía a sí. Y es que “interioridad espiritual” es una tautología que ya Hegel expresó:
“El espíritu,…, consiste justamente en tener el centro en sí. Tiende también hacia el centro; pero el centro es él mismo en sí. No tiene la unidad fuera de sí, sino que la encuentra continuamente en sí, es y reside en sí mismo. La materia tiene su sustancia fuera de sí. El espíritu, por el contrario, reside en sí mismo (der Geist ist das Bei-sich-selbst-Sein); y esto es justamente la libertad” (Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, p. 62).
La esencia del espíritu reside precisamente ser aquello que resiste a la dispersión de un modo interno: si parece dispersarse no es más que para apropiarse; si parece salir de sí en realidad nunca se ha alejado de sí. Frente a la unión meramente externa, mecánica, material, el vínculo espiritual sólo puede darse en un espíritu, valga la redundancia, libre. Sólo lo libre puede obligar(se) y comprometer(se). Sólo lo libre, el espíritu, puede imperar (walten); más aún, no consiste sino en eso: es su esencia. Y si seguimos a Heidegger en que la esencia es aquello que impera y que la esencia de la esencia es el imperar (Walten), hemos de concluir que la esencia de la esencia es el espíritu. Del mismo modo, sólo en tanto libre puede el Dasein “estar templado de una manera originaria y consciente a la resolución (Entschlossenheit) de abrirse a la esencia del ser”; es la definición que Heidegger da del espíritu en el La autoafirmación de la Universidad alemana y que retoma en el 35. Así pues, del mismo modo que en Ser y tiempo el Dasein no acaba siendo sino el hombre, a pesar de todas las precauciones, el “espíritu” (concepto que allí pertenecía a la deconstrucción de la metafísica) no viene a ser “otro” espíritu que el del idealismo alemán6. Al menos hasta estas fechas. En Introducción a la metafísica Heidegger se abandona a cierta retórica del poder del espíritu, denotando cierta laxitud a la hora de mantener las distinciones. Por ejemplo, respecto a ese “Walten”, esa “fuerza imperante” que se aplica tanto al espíritu, como al mundo, como al ser, formando una lógica perversa. Y es que:
1) si “impotencia del espíritu” (Ohnmacht des Geistes) o “disolución de los poderes espirituales (Auflösung der geistigen Mächte)” se usan como equivalentes de “ausencia de espiritualidad” (Geistlosigkeit) (Introducción a la metafísica, pp. 49-52), y
2) si en ausencia del espíritu falta también el mundo (ya que “el mundo es siempre mundo espiritual”), aunque si no en el modo de la Weltlosigkeit (que corresponde a la piedra), al menos en el modo del “un tener mundo y al mismo tiempo un no tener mundo” (ein Haben von Welt und zugleich ein Nichhaben von Welt” (Los conceptos fundamentales de la metafísica, curso 29/30, p. 250), entonces
3) ¿cómo no llegar a la conclusión de que allí donde falta el espíritu “meramente se vive”, como los animales? ¿Es casual que el párrafo donde se habla del mundo espiritual mencione al animal?
“¿Qué significa mundo, cuando hablamos de oscurecimiento del mundo? El mundo siempre es un mundo espiritual. El animal no posee ningún mundo, ni tampoco entorno (Umwelt). El oscurecimiento del mundo implica el debilitamiento del espíritu…” (Introducción a la metafísica, §15, p. 49).
El sentido de traer aquí al animal parece dado por la “evidencia” de la “prueba”: que el mundo es espiritual viene respaldado (falazmente) por el “hecho” de que el animal no tiene mundo (ya que, axioma de “sentido común” que no aparece, el animal no tiene espíritu). Pero ¿cómo pasar por alto que unas líneas más abajo se hable del “derrumbe del idealismo alemán” (donde la importancia del concepto de espíritu es vano destacar) como de un “nombre” detrás del cual se esconde el comienzo de la ausencia de espíritu (anbrechende Geistlosigkeit)”? Se ausenta el espíritu, el mundo deviene in-mundo y el hombre (“positivista”, americano y ruso, ¿pero cómo olvidar que el judío es el hombre de números, de matemáticas, de cuentas… también bancarias?), apegado a la mera necesidad utilitaria, deviene animal, literalmente.
Aquí parece que Heidegger en su afán de anudar mundo y espíritu, economiza el desarrollo del curso 29/30 y niega al animal incluso la posibilidad de un “entorno”. Heidegger se vuelve en esto cartesiano: la contraposición entre espíritu y animalidad es extrema: o se es animal o se tiene espíritu (aunque sea en el modo de la falta de espíritu). De jure seguro que Heidegger querría distinguir entre animal y el “hombre sin espíritu”, entre “pobreza de mundo” y “pobreza de espíritu” (algo difícil de sostener7), pero de facto ¿no andan en situación idéntica8? Ambos encerrados en el círculo (Umkreis) de sus necesidades sin historia: la naturaleza sería, al menos en su estructura formal, idéntica a una “sociedad estacionaria”9. ¿No definía Hegel la “esencia simple de la vida” como aquello que “palpita en sí sin moverse, tiembla en sí sin ser inquieta”, aquello que en su simplicidad es igual a sí misma y donde las diferencias ya no lo son? Esta determinación del ser como “vida” por parte de Hegel, ¿no coincide con la “sociedad estacionaria”, con el “oscurecimiento del mundo”, con el debilitamiento o ausencia del espíritu? Ahora bien, podría objetarse, ¿no ha sido Heidegger el primero en denunciar que esta “pobreza de mundo” adviene precisamente cuando el ser del ente es considerado como “vida” al finalizar la historia del ser? Habría sido Heidegger el primero en ponernos sobre aviso a este respecto. Sí, ciertamente, pero al advertirnos esto por una parte, por otra lo ha confirmado a un nivel mucho más profundo. Si con el pie izquierdo pretende salir de la metafísica, con el derecho se hunde y asienta mucho más profundamente en ella. Un ejemplo para terminar: la metafísica ha vinculado históricamente la libertad a la voluntad, así como ha negado ambos a los animales. Ahora Heidegger descubre una noción más profunda de libertad: como dejar ser a lo ente (Seinlassen von Seiendem; De la esencia de la verdad, p. 159) o como dejar que impere un mundo (Waltenlassen von Welt; De la esencia del fundamento, p. 141). Sin embargo, la estructura argumental “obliga”, ata, no es posible escapar de ella (Derrida llama a esta constricción “estrictura”): Heidegger, al negar al animal el mundo, la manifestabilidad de lo ente, la “libertad” en fin, pensada mucho más hondamente, lleva el problema del mecanicismo (del animal-máquina), del determinismo o la predestinación a las mismas profundas cotas repitiendo sin embargo el gesto metafísico. Puede reconocer ahora, quizás, que el animal tiene cierto margen de elección, incluso de voluntad, para de inmediato negarle por completo la “libertad” entendida como “dejar ser al ser”. Lo que no vio Heidegger (o vio sin ver) es que el uso de las palabras no es inocente, que una noción de “libertad” arrastra o lleva pareja irreductiblemente, estructuralmente, una noción de “determinación” o de “destino”. El par oposicional es una máquina poderosa que reconstruye inmediatamente todo aquello que queremos extraer de la metafísica. Y esto no es baladí, algo que interese a los “amigos de los animales”, ya que esta problemática afecta a cómo haya de entenderse ese famoso “destino del ser”.
1 La cercanía entre Heidegger y Bataille es aquí evidente.
2 Ver nota 6.
3 Así pues, la violencia, la maquinación del ente (Gewalt, Machenschaft) no es sino una posibilidad (necesaria) abierta por el ser mismo en su imperar.
4 En los Beitrage esta “depotenciación” (como se traduce Entmachtung allí) no es sino el reverso de una cesión, de una transferencia, de un legado (Vermächtnis), de una herencia, de un “otorgamiento de poder” (Ermachtigung) hacia lo, digamos, óntico.
5 Así por ejemplo, en el §159 de los Beitrage, “lo eficaz” (wirk-samer) de aquello lo que no requiere poder ha de entenderse como lo “efectivo” (wirksam) en el sentido de aquello vigente o en vigor. De nuevo una equívoca palabra que debe leerse como la fuerza de obligar (por ejemplo, una ley en vigor), pero que es inevitable leer en el sentido de la vigorosidad y la fuerza vital.
6 No voy a detallarlo aquí, pero el hecho de que Heidegger considere que el mal es siempre espiritual (De camino al habla, p. 56), de modo autoinmune, del espíritu contra el espíritu, nos remitiría a Schelling y sus Investigaciones filosóficas sobre la esencia de la libertad humana.
7 Claro, que las protestas ante proposiciones contradictorias del tipo “x tiene y no tiene mundo”, “z tiene y no tiene espíritu” Heidegger sin duda las desecharía, muy hegelianamente, como falta de profundidad del entendimiento vulgar. También coincidiría sin duda con Hegel en que “la humanidad animal es cosa enteramente distinta de la animalidad. El comienzo es, pues, el espíritu. [En el niño] su primer movimiento, su grito, es ya algo enteramente distinto de lo animal” (Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, pág. 135). Heidegger: “Algún tipo de ente es ya manifiesto al niño aun cuando no se produzca ningún comportamiento hacia ese ente, ninguna “versión” a él, ningún ocuparse de él…El ser cabe el ente está todavía , por así decir, nublado, aún no se ha aclarado… [Al] salir de ese estado de semisueño, de penumbra… a la exsistencia, por así decir, le amanece aquello cabe lo que está. Y eso no es sino un amanecer de lo que ya se tiene [subrayo yo]”. (Introducción a la filosofía, p. 136) ¿Realmente se puede distinguir rigurosamente entre esta “penumbra” del niño, el “entumecimiento” (Benommenheit) del animal, el “ser absorbido” (benommen) en la familiaridad de la intramundanidad caída, y el ensombrecimiento del mundo carente de espíritu?
8 Sin juzgar este discurso a priori (a saber, el discurso que “rebaja” a una parte de la humanidad a la animalidad), ¿hasta qué punto es irresponsable mantenerlo en determinadas circunstancias históricas (Alemania 1935)? Tiene razón Derrida cuando dice que Heidegger pagó necesariamente el precio de la “espiritualización” por rechazar el biologismo, el racismo, etc. de la peor ideología. Pero ¿no acaba cayendo al final, después de tan largo rodeo por el espíritu, en aquello mismo que pretendía evitar?
9 “Subhumanidad y ultrahumanidad son lo mismo”; “La pulsión de la animalidad y la ratio de la humanidad devienen idénticos” (Conferencias y artículos, pág. 82 y 86, respectivamente)
Español